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日志


2月28日

Que levante la mano...

Que levante la mano aquel que estando su cuenta bancaria llena de telarañas, y su bolsillo todo agujereado, fue al super con 4 pichieuros y cuando la cajera se puso a contar billetes de 20 no concibió planes de robo y posterior huída...
 
... salvóse la susodicha porque había 6 escalones que amenazaban con frustrar la carrera...
 
... arfffffffffff
2月24日

Concurso San Valentín 2007

Con motivo de San Valentín, en Cuentacuentos se propuso un concurso de historias de amor, el día 14 se publicarían bajo seudónimo las 5 preseleccionadas para que los cuentacuentos hiciésemos nuestra votación.

La mía no fue una de las 5 elegidas, aunque he de reconocer que había mucho nivel.

Aquí os la dejo, por si os apetece leerla.

 

La lluvia nos cogió por sorpresa. En un momento dado paseábamos por la alameda  mientras luminosos rayos de sol lograban burlar la bóveda de ramas y hojas impactando en nuestros cuerpos, y al siguiente, nos empapaba un repentino aguacero.

Al principio corrimos para llegar algún lugar donde guarecernos, luego él resbaló en un charco que quedaba oculto bajo la hierba, y se quedó allí tendido, con una mueca de sorpresa adornando su cara.

Al notar que ya no corría a mi lado me di la vuelta, y entonces lo vi allí tirado, apoyado en los codos, y no pude evitar reírme.

Me miró enfurruñado, pero dadas las circunstancias, más que preocuparme, su cómico aspecto no hizo más que empeorar mi ataque de risa.

Mientras él se levantaba con sumo cuidado, y tras un par de nuevos resbalones que dejaron sus vaqueros totalmente embarrados, yo reía con las manos apoyadas en las rodillas.

Resoplado mientras se incorporaba hizo referencia a lo buena amiga que yo era, y entre dientes añadió un casi inaudible “Te vas a enterar”.

Por el rabillo del ojo lo vi aproximarse. Si para algo me valía nuestra larga amistad, era para detectar con la suficiente antelación cuando tramaba algo.

Le observé acercarse y empecé a retroceder, ya no me importaba la lluvia, y por lo visto, a él tampoco, empezaba un juego mucho más interesante.

En el retroceso mi espalda chocó contra el tronco de uno de los viejos castaños, vi en sus ojos un destello de triunfo durante un fugaz segundo, sonreí y luego salí corriendo por entre los árboles hacia la plaza, quedaba poca gente por allí, pero me di cuenta de que algunos nos miraban con una mezcla de curiosidad y desdén.

No me importó, no era la primera vez que hacíamos algo así, aunque siempre había más amigos sumándose al ridículo.

Eché la vista atrás y vi que me iba a alcanzar de un momento a otro, lo peor era que llegábamos a una calle con bastante tráfico, lo cual limitaba bastante mis posibilidades de sacarle ventaja.

Entonces me paré, inspiré lo más hondo que pude, y me di la vuelta justo a tiempo para ver como también él dejaba de correr y caminaba hacia mi sin dejar de vigilar mis movimientos con los ojos entornados.

Pequeñas gotas de agua surcaban su cara después de gotear desde su pelo, tenía la ropa, además de sucia, toda pegada al cuerpo, sonreí pensando en que yo debía presentar un aspecto muy similar, y él empezó a sonreír también.

No creía haberle visto nunca aquella expresión en la cara, una mezcla de triunfo con algo más que no lograba descifrar.

Contuve la respiración y empecé a retroceder con los brazos extendidos hacia delante y las palmas levantadas mientras negaba con la cabeza. Había dejado de llover, pero no prestaba atención a nada más que a él, y apenas me di cuenta.

Entonces, aprovechando un instante en el que bajé la guardia, me alcanzó en un par de zancadas, me abrazó por la cintura, y después de levantarme del suelo empezó a caminar.

Tardé un par de segundos en comprender qué es lo que pretendía, pero para entonces ya era demasiado tarde, sentí una docena de chorros de agua que me rodeaban, y su cálida voz en mi oído me susurraba “Te lo has ganado”.

El agua estaba fría después de la carrera, pero yo solo podía pensar en lo cerca que estaban sus labios de los míos, solo podía ver sus ojos tan verdes observándome, solo podía sentir su cuerpo mojado pegado al mío.

Azorada por los sentimientos que estaba descubriendo en mí, bajé la vista.

Empezaba a escurrirme y, sin apenas pensarlo, cerré los brazos en torno a su cuello. Noté como su abrazo se hacía más estrecho, y una especie de cosquilleo que revoloteaba en mi estómago enviando oleadas de calor a todas las fibras de mi cuerpo.

Los chorros de la fuente seguían cayendo a nuestro alrededor, pero para mí no existía nada más fuera de aquel abrazo.

Hilillos de agua recorrían su cara, y sus ojos permanecían fijos en los míos, mientras los dos respirábamos entrecortadamente separados por apenas un par de centímetros llenos de diminutas gotitas de agua.

Ninguno de los dos dijo nada, yo cerré los párpados y traté de parar los alocados latidos de mi corazón, pero lo único que logré fue concentrarme más en su cálido aliento rozando mi cara y en mis dedos acariciando su pelo.

Cuando volví a mirarle sus ojos estaban fijos en mis labios, y acercándose lentamente, me besó. Fue poco más que un tímido roce que hizo más evidentes la llovizna que nos empapaba, y acabó acariciando levemente mi labio inferior entre los suyos.

Con los ojos cerrados apoyó su frente en la mía, como si estuviese ordenando sus emociones, luego me susurró “Te quiero”, y dejándome en el suelo empezó a alejarse cabizbajo, arrastrando los pies y dejando tras él un reguero de agua en el pavimento que ya empezaba a secarse.

Permanecí un instante inmóvil, sin saber qué hacer, qué pensar o qué sentir, sin darme cuenta de que seguía dentro de la fuente. Después, solté todo el aire que había retenido en mi interior y como impulsada por un resorte invisible, salí disparada, corriendo sin rumbo fijo y con la cabeza llena de su “Te quiero”, los labios trémulos por su contacto y las manos todavía con su calor.

 

Nunca he vuelto a sentir una felicidad tan pura y tan intensa como aquella tarde, cuando una lluvia de verano llegó sin avisar y cambió mi vida.

2月22日

Cuentacuentos 26 (doble)

A las ocho menos cinco se apagaron las luces de varias ventanas del vecindario.
Luis hacía un par de minutos que había desconectado todos los aparatos eléctricos de la casa, y observaba con una taza de café en las manos, como la gente caminaba presurosa por la calle, con bolsas y más bolsas de las rebajas a cuestas.
Estaba cansado, pero todavía le quedaba una larga noche de trabajo por delante.
 
Entre las luces que se apagaron cinco minutos antes de las ocho, estaba la de su vecina de enfrente. Era curioso, la ventana de su salón estaba a unos 5 metros enfrente de la suya, ya que vivían en una estrecha calle de la zona vieja.
 
Bebió un trago de café mientras veía como pequeñas y parpadeantes luces doradas se encendían en el salón de la vecina.
 
Al parecer era bailarina, la había visto muchas noches ensayando a lo largo del salón, vacío de muebles exceptuando el equipo de música, y una barra situada enfrente de una pared forrada de espejos. Se movía con una ligereza como no había visto nunca en mujer alguna, con la naturalidad con la que una cortina se deja mecer por el viento.
 
A veces dejaba la ventana abierta, y la música con la que bailaba flotaba hasta su piso, llenándole los sentidos.
 
Hoy la ventana estaba cerrada, aunque las cortinas no estaban echadas. De todas formas Luis supo que no habría música para él cuando la vio colocarse los auriculares de un iPod.
 
Al rato, y a la luz de las velas la vio avanzar con movimientos lentos por la estancia.
Inspiró la fragancia del café y le lanzó una mirada torva a la montaña de bocetos que se amontonaban en su mesa de dibujo.
 
Suspirando volvió a concentrar su atención en la vecina.
Al cabo de un rato estaba sobrecogido viéndola danzar por el salón, no sabía qué música inspiraba sus pasos, y sin embargo la magia de sus movimientos lo había poseído como nunca antes. Sintió una profunda emoción que parecía nacer de los dedos de aquella misteriosa bailarina y que deslizándose sobre notas sin sonido volaba hasta él transmitiéndole el compás mágico que la guiaba.
 
Bailaba con los ojos cerrados, con las llamas de las velas arrancándole destellos a su pelo, a sus uñas, y por un momento pensó que estaba soñando.
 
Luego ella se paró al pie de la ventana y le miró directamente, sus ojos brillaban como los de ninguna otra mujer que hubiese conocido.
 
 - _ - 
 
A las ocho menos cinco Sabela apagó todos los aparatos eléctricos de su piso, que no eran muchos, no costaba nada un pequeño acto simbólico, por una vez podría bailar con los auriculares.
Camino al salón cogió la caja de cerillas que había comprado en aquel mercadillo de verano, le había gustado el dibujo de la tapa, y además odiaba los mecheros.
Fue colocando velas aromáticas por el suelo del salón, no había ningún mueble en el que dejarlas.
 
A veces abría la ventana para sentir la brisa de las últimas horas de la tarde, pero hoy no quería que se le apagase ninguna vela.
 
Con disimulo miró si el vecino estaba en casa. Allí estaba, con su eterna taza de café, y con las luces apagadas, había algo en él que la intrigaba. Sonrió,  encendió el reproductor y selecionó el Canon de Pachelbel, hoy era un día especial, tenía ganas de dejarse llevar por la música, sin atender a la sucesión de pasos de las coreografías que normalmente ensayaba.
 
Las primeras notas empezaron a deslizarse por su mente fluyendo por sus venas hasta todo su cuerpo. Dejó de pensar en ensayos, en los estridentes gritos del director, y se concentró en la sucesión de melodías que se iban sumando a las primeros tímidos lamentos de los violines.
Adoraba aquella interpretación, con los ojos cerrados se dejó llevar por la música, girando y llevando a cabo los pasos que la melodía le dictaba.
El aroma de las velas la embriagaba y la dulce cadencia del Canon la transportaba a un lugar donde su ser se fundía con la música, totalmente libre desde hacía mucho tiempo.
 
Lentamente las notas fueron desapareciendo, se detuvo en la ventana, donde al abrir los ojos, contempló otras pupilas que la miraban con una adoración que no recordaba haber inspirado nunca antes.
 
No podía apartar la vista de aquel hombre, que repentinamente dejó la taza de café en una mesa a la vez que recogía una enorme libreta, y unos pinceles.
Hipnotizada por la intensidad de su mirada se quedó inmovil apoyada en el cristal observando sus movimientos.
 
 - _ - 
 
Cuando Luis la vio tras el cristal, con aquel color tan fascinante en las mejillas, y aquellos ojos tan maravillosos, supo que tenía que hacerlo.
Dejó descuidadamente la taza de café que no se había bebido en el primer lugar que encontró, igual le daba que se hubiese caído, solo tenía ojos y mente para aquel ser extraordinario.
Cogió de la mesa su libreta de bocetos, y presa de la inspiración trazó unas cuantas líneas. Hacía mucho que dibujar no era tan natural para él como en ese momento. 
Abrió maquinalmente la caja de pinturas mientras acababa de dar los últimos trazos, y enfebrecido empezó a pintar.
 
 - _ - 
 
Sin moverse un milímetro por miedo a romper aquel vínculo que los había unido, Sabela le vió trazar rápidas lineas, vió como pequeños trazos de colores  manchaban su cara, como los pinceles volaban en sus manos, y a cada mirada intensa que él le brindaba se sentía cada vez más llena de una emoción que no lograba describir.
 
Luego él se detuvo tan repentinamente como había comenzado, pero siguió mirándola a los ojos.
 
Separados por 5 metros y dos ventanas se hablaron sin despegar los labios, mientras ella recuperaba la respiración y a él le brotaba pintura de entre sus dedos.
2月11日

London city! allá voy!!!

Arf!!!! Todavía no me lo creo, pero el miércoles, antes del mediodía... estaré en Londres!!!!
 
Va a hacer un frío del copón, como somos pobres estudiantes será un viaje en plan rata total, solo serán 4 días... pero aún así!!!!!!!!!! Es genial!!!!!!!
 
Creo que no veré los viejos buses tan míticos, pero bueno, las cabinas rojas sí!!
Además de un montón de cosas más.
 
Estoy de vuelta el domingo, pero no sé si seré persona hasta unos días despues, jejejeje
 
Ahhhhhhhh Camdem, Picadilly, las obras de Foster, la Tate... se me hace la boca agua solo de pensarlo!!!
2月7日

Cuentacuentos 25

Confusa, se despierta entre sueños, se mueve un poco, y acaba por volver a dormirse.
A su lado una niña de unos cinco años juega con unos lápices de colores, sentada en una alfombra de rayas azules y verdes.
Está intentando decidir cual es su color favorito, su amiga del cole dice que a ella le  gusta el rosa, pero a la niña este color no le parece especialmente bonito.
Ante sí tiene cinco lápices alineados, el rojo, el verde, el amarillo, el azul y el violeta.
No sabe cual elegir, todos le gustan, pero por lo visto, las personas tienen que tener un color preferido.
 
La pequeña forma oculta bajo la mantita de cálida lana amarilla, vuelve a moverse, y la niña deja de pensar en colores y la mira preocupada.
 
"Mami, creo que Lara está llorando"
"Puede ser, cariño, es muy pequeña todavía"
"¿Y por qué llora?"
"Mmmmmm puede que eche de menos a su mamá, nunca hasta hoy había estado lejos de ella"
 
La pequeña pone cara de gran concentración, frunciendo la naricilla piensa en como se sentiría ella si la alejaran de su mamá y la dejasen con unos desconocidos, decididamente se pondría muy triste, mira a Lara y le acaricia la suave cabeza un ratito, consiguiendo que se calme y por primera vez en toda la tarde duerma sin sobresaltos.
 
Mira a su mamá sentada en el sofá leyendo uno de esos enormes libros sin dibujos que tanto le gustan.
 
"Mami, yo no quiero que nadie me separe de ti"
 
La madre mira su carita de preocupación y sonrie.
 
"Claro que no, cariño, nadie podrá alejarte de mí, nunca lo permitiría"
"¿Y por qué la mamá de Lara ha dejado que se la llevasen?"
"Mmmm pues porque ya no podía cuidarla más, y entonces pensaría que es mejor que Lara estuviese en una casa donde le diesen todo lo que necesitase"
 
La explicación le parece bastante convincente a la niña, así que vuelve a su difícil decisión.
El rojo es un color bonito porque las fresas son rojas, y las fresas están muy buenas, aunque también es el color de la sangre que brota cuando se cae y se le despellejan las rodillas...
El verde... el verde le gusta por muchas cosas, en su casa hay mucho verde, cree que es el color preferido de su mamá, tendrá que preguntárselo.
El amarillo le gusta porque es el color del sol, y de los limones, y de los girasoles, y a ella le gustan mucho todas esas cosas, es un color que le hace recordar el verano.
Y el azul es el color del cielo, y el de los ojos de su papá, como no va a gustarle un color que está en cosas tan importantes como el cielo y los ojos de su papá.
El violeta no sabe bien por qué le gusta, no hay muchas cosas violetas, y aún así, la primera vez que vió el lapiz violeta en la caja que le habían regalado, estuvo toda la tarde pintando con él.
A lo mejor es su color favorito, porque es el único que le gusta sin más...
 
Nota un movimiento en la mantita, todavía llora un poquito, quizá sea que tiene miedo.
 
"Mami, ¿no podemos hacer nada para que cuando esté solita Lara no llore?"
"Claro que sí cielo, creo que he leído algo en una revista"
"¿El qué mami?"
"Es una sorpresa cariño, mañana ya lo verás, hoy dejaremos que duerma en tu cuarto para que no tenga miedo, ¿te parece bien?"
 
La niña pensó un rato y luego asintió.
 
"Venga, pues ahora a la cama, que ya es tarde".
 
Despues de dejar a su hija y a Lara bien arropadas, la mujer va a la cocina, y cogiendo un lápiz y un papel escribe una notita que deja en la puerta de la nevera pegada con un imán.
 
"Comprar un reloj que haga tic-tac para el cachorro"
 
 
 
 
2月5日

Cuentacuentos 24

Recuerdo tu sonrisa de niña esculpiendo la mía desde la primera vez que te vi.
Allí, tras el cristal de aquel cuartito del hospital, metida en una pequeña cuna, tan distinta de la que yo te había hecho.
Recuerdo que sonreí entre lágrimas, allí estabas, por fin habías llegado, y el amor se expandía dentro de mí llenando cada rincón vacío de mi cuerpo.
Te movías despacito, como si inspeccionases cuidadosamente cada centímetro cúbico de aire antes de hacerlo.
Por primera vez pensé en lo raro que debía sentirse un bebé, despues de pasarse 9 meses rodeado de líquido, al salir de su refugio y descubrir lo que era el aire.
Alrededor de tí, había otros bebés, unos más grandes que tú, otros más pequeñitos, algunos con mucho pelo, y otros, como tú, casi calvitos, sin embargo yo solo tenía ojos para tí, para la pequeña estrella que había bajado del cielo para iluminar mi vida, y enseñarme a volver a sonreir.
Recuerdo que apoyé la frente en el cristal, y mientras con una mano me secaba las lágrimas con la otra te acariciaba a distancia.
Te quería más que a nada en el mundo, en ese momento supe que haría todo lo que fuese necesario por hacerte tan feliz como tú, apenas llegada a este mundo, me estabas haciendo a mi.
Recuerdo lo difícil que fue para mí separarme de aquel cristal, y recorrer aquel pasillo iluminado con frías luces fluorescentes.
Las lágrimas amargas de la tristeza sustituyeron a las primeras que tu dulce sonrisa había hecho brotar.
Con la cabeza gachas entré en el moderno ascensor, y pulsé el botón de la planta baja.
Al llegar me condujeron a otra habitación, por otro pasillo, este otro mucho más triste y oscuro que aquel que me había llevado a ti.
Allí no había cristal que me separase de ella, ni sonrisa que contuviese mi dolor, allí solo había frío...
 
Te querría más que a nada en el mundo a partir de aquel instante... al fin y al cabo... el precio que había pagado por tenerte era más alto de lo que habría podido imaginar.
 
 
 
Ufff, qué triste me ha salido... bueno, llega tarde... como siempre... más en El cuentacuentos